“LAS POQUIANCHIS”
Ellas son las hermanas Gonzales Valenzuela. A primera
vista, supondríamos que son mujeres recatadas y de pocos problemas, pero lo que
hay detrás de estos rostros y estas prendas, es tan aterrador que les ha hecho
pasar a la historia como las asesinas seriales más crueles de México.
Estas cuatro hermanas fueron las protagonistas de uno de
los más grandes casos de violencia, asesinatos y prostitución en conjunto.
Carmen, Delfina, María de Jesús y Luisa Gonzales, fueron las responsables
directas de la muerte y tortura de más de noventa jóvenes mujeres.
Nacidas bajo el
seno de una familia disfuncional y provenientes del estado de Jalisco, las
hermanas se convirtieron en una de las más representativas expresiones de
criminalidad en toda américa latina.
Bernardina Valenzuela, su madre, era una mujer
extremadamente religiosa, mientras Cecilio Torres, padre de las infames
criminales, era machista, alcohólico y violento, y trabajaba como vigilante
nocturno como parte del cuerpo utilizado por Porfirio Díaz para atrapar a los
asaltantes de caminos.
Luego de años de vivir en una situación problemática y
llena de violencia y maltratos, sus padres fallecieron y dejaron una pequeña
herencia, delfina con esto decidió iniciar un negocio que parecía seguro, en su
pueblo natal abrió una cantina en la cual, no solo se vendía alcohol, sino que
además se vendía los servicios de jóvenes prostitutas. Dada la peculiar
combinación, el lugar tuvo un éxito inesperado, por lo tanto el negocio debía
expandirse para generar más, así que Delfina abrió una cantina más con las
mismas características en lagos de moreno, Jalisco, pero este último negocio
tenía un servicio adicional, se rentaban cuartos para furtivos encuentros
sexuales. El negocio a pesar de que cada vez era más rentable, alimentaba
también la ambición y avaricia de Delfina, pues además de todo, obligaba a las
prostitutas a comprarle a ella todo lo que necesitaba, desde maquillaje hasta
comida, era un negocio con pocas perdidas, gran parte del dinero que ella
pagaba, regresaba a sus manos.
Mientras el negocio crecía, más dinero se movía, fue por
eso que Delfina contrato a su hermana Carmen para que le auxiliara en los
asuntos de contabilidad. Carmen convenció a Delfina de legalmente establecer su
negocio, luego de los permisos y trámites necesarios, abrieron el “Guadalajara
de noche”, el burdel más famoso de aquellos días en la zona.
El hijo de Delfina, comenzó también a ayudarles en el
negocio, encargándose a supervisar a las jóvenes, controlando la seguridad del
lugar, y además pagándole a las autoridades para que se hicieran de la vista
gorda, pero un día eso no funciono del todo y las autoridades se presentaron en
el lugar para clausurarlo. El Tepo, el hijo de Delfina, bajo los efectos del
alcohol, se armó de valor, tomo un fusil y se enfrentó contra los agentes,
quienes naturalmente lo acribillaron al instante. Ante los ojos de su madre, el
Tepo murió, y eso desencadenaría una serie de eventos que llevarían a las
hermanas a cometer una larga lista de asesinatos. Fue entonces que Delfina,
contrató a varios militares que buscaron a cada uno de los responsables de la
muerte de su hijo, y uno a uno fueron asesinados como parte de su venganza.
Debido a esta situación las hermanas se tuvieron que ir a Guanajuato y se
reunieron allí con su tercera hermana, maría de Jesús, quien también tenía
algunos negocios en marcha.
María enviaba camiones con prostitutas a los pueblos
cercanos, las mujeres daban sus servicios a quienes lo requirieran y así iban
de pueblo en pueblo. Debido a que no se establecían en un lugar en específico,
se evitaron durante mucho tiempo algún problema con la ley.
Cuando se reunieron, las hermanas decidieron unir su
dinero para crear un nuevo negocio, estaban a punto de cambiar la historia del
crimen en toda américa latina.
La barca de oro había iniciado sus operaciones en un
lugar de la ciudad de león, Guanajuato, la prostitución era totalmente legal en
esa zona, así que no tuvieron problemas con la ley, y luego del éxito de la
barca de oro, abrieron un segundo negocio con el ya bien conocido nombre del
“Guadalajara de noche”. El local de la barca de oro, había sido antes una
cantina propiedad de un joven al que todos apodaban el Poquianchis, fue así que
el sobre nombre fue heredado por las hermanas y la barca de oro más tarde fue
conocido como “el burdel de las Poquianchis”, apodo que desde un inicio ellas
detestaban, pero que les había quedado para la prosperidad.
Los negocios estaban dando mucho dinero, pero en 1962 las
autoridades decidieron cerrar todos los burdeles, y fue así, que se quedaron
solo con el burdel ubicado en lagos de moreno, mientras Luisa, la menor de las
hermanas se mudó a Tamaulipas y en la zona fronteriza, abrió un burdel de
nombre la piernuda, pidiéndole a sus hermanas, que no dejaran de enviarle
jovencitas para prostituirlas.
Más tarde, bajo la influencia de delfina, la poquianchis
mayor, las hermanas compraron el rancho loma del ángel, y los transformaron en
un enorme prostíbulo. Para reclutar a mujeres, las poquianchis acudían a los
pueblos para buscar a las más bonitas, sin importar que tuvieran 12 o13 años, y
con la ayuda de algunos hombres, las futuras víctimas eran secuestradas, y en
algunos casos, por algunos billetes, los padres accedían para que se las
llevaran con ellos.
Una vez en el burdel, las niñas eran examinadas, y si las
hermanas consideraban que eran de buen ver, los ayudantes y cómplices se
encargaban de violarlas. Una vez realizado el cruel procedimiento de inicio,
las poquianchis bañaban a las niñas con agua fría, las vestían y las sacaban para que fueran a
atender a la clientela.
Mientras vivían una vida de tortura, las mujeres servían
hasta que tenían 25 años, pues luego de eso salvador estrada alias el verdugo,
las encerraba en un cuarto oscuro sin comida, sin bebida y las golpeaba hasta
dejarlas sin fuerzas para defenderse. Una vez que las mujeres estaban
totalmente débiles, el verdugo las llevaba a otra parte y las enterraba vivas,
mientras que a otras les pasaba planchas calientes sobre el cuerpo, a otras las
arrojaba desde la azotea, para morir al caer, y a otras les destrozaba la
cabeza a golpes.
Cualquier actitud mínimamente negativa, resultaba en la
muerte, si alguna se embarazaba, tenía anemia, si no les sonreía a los clientes
o si no le caía bien a alguien, cualquier cosa, simplemente era asesinada.
Los bebes que alcanzaron a nacer, fueron asesinados y
enterrados en las inmediaciones del rancho a excepción de uno que mantuvieron
vivo para vendérselo a un cliente, que según, quería experimentar con él.
Abortos clandestinos, asesinatos a plena luz del día,
mujeres enterradas vivas, tumbas clandestinas, esclavitud, todo era posible en
el territorio de las poquianchis, pero a cambio de servicios sexuales, policías
y militares no solo permitían todo, sino que además cuidaban del burdel.
Algunas de las mujeres lograron salvarse a cambio de convertirse en crueles
castigadoras, quienes mataban a palazos a las muchachas y les destrozaban la
cara con una tranca de madera.
Por si esto pareciera poco, alguien les dijo a las
poquianchis que si ofrecían sacrificios a satanás ganarían más dinero,
incurriendo en el satanismo, cada vez que llegaban nuevas niñas, las hermanas
las iniciaban bajo un macabro ritual.
A la luz de una estrella de cinco puntas formadas por
velas, las hermanas sacrificaban a un gallo, luego se desnudaban y se untaban
la sangre del animal por todo el cuerpo, para después desnudar a las niñas,
quienes eran violadas, mientras las poquianchis contemplaban la escena a
carcajadas.
Pero apenas el ritual comenzaba, llegaba un momento en el
cual, los ayudantes metían en la habitación algún animal, y obligaban a las
niñas a realizar un acto zoofilico, y después de eso, iniciaban una orgia en la
cual también la hermanas participaban.
Semanas después, las poquianchis decidieron que era buena
idea cortar la carne de los cadáveres de las prostitutas, para venderla por
kilo en el mercado. Con tarjetas de salud falsas, las poquianchis mantenían a
sus clientes tranquilos y les hacían pensar que todo estaba perfecto, pero en
realidad muchas de ellas estaban enfermas.
En 1964, catalina ortega, una de las nuevas, consiguió escaparse
y logro llegar hasta la ciudad, ahí acudió ante la policía y denunció los
hechos, y tuvo suerte, pues los agentes con los que hablo, no formaban parte de
la nómina de las asesinas.
Decenas de policías acudieron al burdel y al rancho y
luego de arrestar a algunos de los responsables, se encontraron con las mujeres
desnutridas, llenas de golpes, violadas y quemadas, que estaban dentro del
cuarto oscuro aquel en el que el verdugo hacía de las suyas. Trozos de carne
humana, celdas de castigo, cadáveres, todo aquello inculpaba más y más a las
poquianchis, quienes de inmediato fueron arrestadas.
Acusadas de casi 100 asesinatos, las hermanas estuvieron
a punto de ser linchadas, pero las autoridades las trasladaron a Irapuato y tras
ser juzgadas, fueron sentenciadas a tan solo 40 años en prisión. Años después, María
de Jesús salió de la cárcel y desapareció sin dejar rastro alguno, Carmen murió
de cáncer, luisa fue arrestada en Tamaulipas y termino recluida en un manicomio,
y Delfina tuvo un final agonizante. Mientras la prisión en la que se encontraba,
estaba siendo remodelada, uno de los trabajadores, accidentalmente dejo caer un
bote con 30 kilos de mezcla de sementó sobre la asesina, quien murió luego de
una lenta y dolorosa agonía.
FIN